Biografía (III)

 9c7f83f7076a60e8dfddaef10f559809

Durante el período en que residió en Los Feliz, Hollywood, tuvo como vecinos a otras estrellas como Cecil B. DeMille y Deana Durbin. Le molestaba no sólo que su casa estuviera situada en una calle nombrada en honor del mítico DeMille, también que su vivienda estuviera situada ligeramente a menor altura que la del director. A lo largo de los años alimentó la idea de que tarde o temprano alguien intentaría secuestrarle, por lo que a la menor ocasión y ante la presencia de intrusos cerca de su vivienda sacaba una escopeta de balines y los espantaba a tiros. El episodio más triste de su estancia en Los Feliz fue la muerte por ahogo en su piscina del hijo de Anthony Quinn y nieto de Cecil B DeMille, el crío se coló en la propiedad de Fields cuando no había nadie y cayó a la piscina. Aunque intentaron reanimarlo no sirvió de nada. El asunto, obviamente, perturbó enormemente a Fields, que cubrió la piscina con una lona y ya prácticamente no volvería a usarla.

En los períodos en los que pasaba más tiempo en casa trataba junto a su amigo Sam Hardy provocar a su secretaria, dictándole cartas plagadas de obscenidades y amenazas a personajes ilustres de Hollywood (cartas que en mayor parte nunca se enviaban) y haciendo que las leyera en voz alta, pero para sorpresa de Fields y Hardy ella nunca se inmutaba y soportaba la situación de forma muy profesional. Con el paso de los años y con menor actividad en el cine y la radio se decidió a escribir su único libro, Fields For President, una brillante sátira en la que una supuesta campaña para presentarse a presidente de Estados Unidos sirvió para dar rienda suelta a su visión de la vida y a su humor, un libro a la altura de sus trabajos en el cine y en el que a través del texto viene prácticamente incorporada la voz del humorista, no es difícil imaginar su voz inimitable a través de un texto que, como no podía ser de otra forma, es puro Fields. Aunque estuviera muy interesado en la política su mayor preocupación eran la forma en que los impuestos podrían afectarle a él, y siempre trataba de adivinar las intenciones de los candidatos a la presidencia para decidirse por votar a uno en particular. De ahí viene una de sus mejores frases: “Yo no voto a favor de nadie, voto en contra”. Una vez llegó a intentar deducir de su declaración el alcohol consumido durante un ejercicio fiscal, ya que según él era una parte importante de su trabajo.

560179_10151079840284892_1107537480_n

Después de terminar con Paramount fichó por Universal Pictures, estudio donde rodó sus últimas películas: You Can’t Cheat An Honest Man, My Little Chickadee, The Bank Dick y Never Give A Sucker An Even Break. Algunas auténticos clásicos donde Fields no dejó de crecer como cómico y seguía en sus trece de querer acapararlo todo, aunque fuera a través de guiones firmados bajo pseudónimo. Aunque Fields no constara como director de ninguna de esas películas lo cierto es que habitualmente solía hacer oídos sordos de la instrucciones recibidas y se dedicaba a indicar donde debían estar colocadas las cámaras y otras funciones que en teoría debían ser del director. A veces gente de Universal le sugería hacer una escena a la manera que quería el estudio antes de filmar, por probar, le decían, pero Fields desconfiaba enormemente y a pesar de acceder, a veces, se aseguraba de que las cámaras estuvieran sin rollo para filmar. No quería de ninguna forma que aparecieran en sus películas nada que se saliera de lo que él entendía que debía ser su trabajo, ya que para él lo de ponerse delante de una cámara y limitarse a decir una líneas que había memorizado era lo más aburrido del mundo.

n_a (64)

Aunque sus películas daban dinero a Universal rara vez se estrenaban en grandes cines, la explicación del estudio era que lo que quería el público eran filmes con protagonistas atractivos e historias inspiradoras, algo que a Fields le indignaba, le parecía un argumento ridículo, según él sus películas cumplían de sobra con esas premisas. La amistad que tuvo con una jovencísima Gloria Jean a raíz de Never Give A Sucker An Even Break sirvió para desmentir más de un mito relacionado con el cómico. Aún hoy día Gloria Jean habla maravillas de Fields, del que dice que aunque fuera una persona difícil de tratar de ninguna manera se trataba de un hombre odioso, como se pudiera deducir por muchas de las historias que perseguían al cómico, tantas veces inventadas y exageradas por él mismo para beneficio de su obra y su leyenda. Para la actriz Fields en realidad era alguien extremadamente sensible y solitario, que hacía todo lo posible por sus personas queridas. A pesar de que durante el rodaje del filme se sometiera a Fields a una estrechísima vigilancia, para evitar que diera mala imagen a la actriz con su alcoholismo, el cómico y la actriz siguieron mantuvieron amistad más allá de la película. En uno de los documentales sobre Fields, Behind The Laughter, se puede ver a Gloria Jean hablando muy emotivamente del humorista, el hecho de que Fields la tratara como a una hija es uno de sus mejores recuerdos.

d5ee0a3c785ba3ffd524a0f6da9d6f5a

Después de terminar en Universal ya no volvió a hacer otra película más de su cosecha y a pesar de sus intenciones de continuar con su actividad cinematográfica tuvo que conformarse con aparecer de invitado en filmes como Tales Of Manhattan (su intervención es de largo lo mejor de todas las diferentes partes de la película), Follow The Boys, Song Of The Open Road o Sensations Of 1945, en el que una vez más recreó su número de billar. Para 1945 le venció el contrato de alquiler de su casa en Cecil B. De Mile Drive. Ya no quiso renovar el contrato, en vista de que su salud se resquebrajaba, decidió trasladarse a una clínica donde pasó la última etapa de su vida, a pesar de que no pasara todo el tiempo allí. A pesar de su estado nada podía con su carácter y su ácido sentido del humor. Durante una visita a uno de sus amigos le sorprendió ver a W.C. Fields leyendo la biblia, lo que el cómico justificó con que andaba buscando lagunas en el libro. Irónicamente, tratándose de un hombre tan poco navideño, le llegó el día final el día de Navidad de 1946. En estado crítico y acompañado de Carlotta Monti, despertó brevemente, se llevó un dedo a los labios y cerró los ojos. Moriría en las próximas horas a causa de una severa hemorragia estomacal. Aunque no quiso que se oficiara ningún funeral por él llegó a tener tres, uno público, otro católico y una ceremonia espiritual encargada por Carlotta Monti. En el primero ofició Edgar Bergen, que adujo que como no decir una oración por alguien que con su talento había llevado tanta felicidad al mundo, alguien para quien la alegría era una disposición, no una posición. Sus deseos fueron que una gran parte de su herencia fuera a parar a un orfanato y como homenaje final se publico en el Hollywood Reporter de parte de sus más queridos amigos, entre ellos Gene Fowler, Gregory La Cava, Eddie Sutherland o Ben Hecht, un texto que finalizaba de esta forma: “Al más auténtico humorista desde Mark Twain: W.C. Fields”.

69bfbde58fea42fe4367f83abf6649ac

Biografía (II)

Annex-Fields-W.C.-Million-Dollar-Legs_01

Diez años antes de Sally Of The Sawdust había debutado W.C. Fields en el cine con el corto The Pool Sharks, pero la experiencia no le llegó a satisfacer. No pudo recrear como quería el número del billar que llevaba haciendo en los escenarios desde tanto tiempo atrás. Así que el comienzo de su andadura en el cine en 1925 con la adaptación de su éxito teatral Poppy, Sally Of The Sawdust en 1925, supuso además el comienzo de su relación con el productor William Le Baron, que se convirtió en una pieza muy importante en la carrera cinematográfica del cómico y en un apoyo fundamental para un hombre que no solía fomentar precisamente buenas relaciones profesionales y que casi todo lo basaba en su talento. Otra de las asociaciones para la época en el cine mudo de Fields fue su trabajo con el director Gregory La Cava, que dirigió a Fields en So’s Your Old Man y Running Wild. Se admiraban y apreciaban mutuamente, por mucho que los rodajes estuvieran plagados de tiras y aflojas entre los dos personajes. Lo cierto es que mantuvieron la amistad a lo largo de los años, a Fields le gustaba jugar al golf con su amigo, del que aprovechaba especialmente los días posteriores a la finalización de algún rodaje para citarlo a jugar y sacar ventaja del cansancio del director, que llegado a cierto punto tuvo que contar con los servicios de dos caddies, uno para que le ayudara y otro para que vigilara que Fields no hiciera trampas.

wcbici

Pero la irrupción en el cine de Fields no era como había imaginado, y aunque hizo buenas películas, como las ya mencionadas y otras como The Old Army Game, su estatus en ese medio no le agradaba. Por muchas buenas críticas que tuviera el aspiraba al estatus que creía merecer, y ese era llegar a ser tan famoso como Rodolfo Valentino y otras estrellas del cine de esos años. Por eso decidió volver a los escenarios a finales de la década de los 20 para el espectáculo Vanities de Earl Carrol, donde perfeccionó sus números humorísticos antiguos y donde comenzó a hacer algo que marcaría su carrera en el cine sonoro, como fue su tendencia a improvisar, lo que llevaría de cabeza a directores y compañeros de reparto. Prácticamente era incapaz de hacer dos tomas de la misma manera, excepto las partes que más molestaban e irritaban a productores, directores y censores.

En vista de que los espectáculos teatrales iban a peor por la economía del país decidió volver a Hollywood para intentarlo, esta vez en el cine sonoro, que a principio de los 30 se convirtió en un fenómeno, llevándose irremediablemente por delante al cine mudo. Esta vez, con 50 años ya cumplidos, hizo su entrada en Hollywood por todo lo alto, hospedándose inicialmente en uno de los mejores hoteles y dándose toda la importancia del mundo, como debe ser. Al principio no lo tuvo fácil para encontrar su sitio en la maquinaria de Hollywood, algo que le desesperaba, pero él estaba acostumbrado a luchar hasta la extenuación por lograr sus objetivos. Por muy valorado que fuera su trabajo en el vodevil o en sus películas mudas el cómico era tan único que era muy difícil de ubicar, además, ejecutivos de los estudios se sentían intimidados por su presencia. Comenzó su produciva asociación con Mack Sennett, de la que salieron cortos legendarios como The Pharmacist, The Dentist y otros. Afortunadamente dejó de usar el ridículo bigote que había llevado en su etapa en el cine mudo y en su primer corto sonoro, The Golf Specialist, de esa manera se pudo empezar a disfrutar de su presencia sin que tuviera que recurrir a artificios innecesarios. Su lenguaje corporal, su voz, el tono que empleaba y todo lo que decía era suficiente para convertirse en uno de los tipos más divertidos que nunca hayan aparecido en una pantalla.

wcleroy

Mack Sennett, en vista de la progresión de Fields, decidió dejarle marchar de su estudio, el cómico tan sólo había despegado y Sennett no quería convertirse en un obstáculo para la carrera de Fields. Firmó con Paramount, empezando con If I Had A Million, película que dividida en varios episodios sobre el mismo tema. En su parte Fields tuvo libertad para dar su toque personal y seguir creciendo en el medio, aunque nada que ver con International House, un vehículo perfecto para el cómico, con una irrupción apoteósica en pantalla y una sucesión de momentos de puro Fields, que tenía como compañeros de reparto a George Burns, Gracie Allen o Bela Lugosi. International House convirtió al humorista en toda una figura del cine americano, imitado hasta la saciedad pero también un personaje que era un quebradero de cabeza para directores, productores y la censura.

Que la improvisación era una parte muy importante de su trabajo ante las cámaras lo deja claro un comentario de George Chandler, actor de uno de los cortos de W.C. Fields con Mack Sennett, The Fatal Glass Of Beer. Contaba Chandler que cuando rodaron su primera escena en ese film Fields cambió repentinamente de idea en el último momento y decidió improvisar algo muy diferente a lo previsto, lo que arruinó las líneas del joven actor, y también su estado de animo. Chandler quedó tan afectado que no pudo ver el corto durante muchos años, pero cuando lo superó y lo visionó no le quedó más remedio que reconocer que Fields mejoró la escena y que lo que improvisó fue realmente mucho más divertido que lo previsto.

wcgift

Entre 1934 y 1936 sería la época en la que Fields hizo parte sus películas más famosas, como It’s A Gift, You’re Telling Me, The Old Fashioned Way o The Man On The Flying Trapeze, todos filmes brillantes y personales, únicos, donde Fields tuvo prácticamente todo el control. Solía firmar los guiones bajo pseudónimos estrafalarios, no sólo para conseguir más dinero aún por parte del estudio, a los que además de engañarlos de esa forma solía pedir más dinero incluso para, según él, “arreglar el guión”. También de esa forma se aseguraba no tener que hacer la película de otro. En estas películas nos encontramos con los dos típicos personajes que Fields llevó a la pantalla en todas sus películas, por una parte el extravagante, sufrido y sumiso padre de familia, al que nadie soporta, excepto en ocasiones una hija, aunque siempre encuentra momento para divertirse a su manera. Y por otra parte tenemos al buscavidas, casi siempre trabajando en algo relacionado con el circo o similares, como en The Old Fashioned Way, en el que tiene una actitud altiva y un comportamiento despótico con casi todo el que le rodea.

Mucho se ha hablado sobre el alcoholismo del humorista, pero de hecho no comenzó a beber asiduamente hasta que tuvo unos 35 años. Tenía una extraordinaria resistencia al alcohol, rara vez le afectaba notoriamente, y tampoco perdía la compostura, decían que era “un borracho educado”, y de hecho no podía soportar a los típicos beodos a los que se les traba la lengua o se dedican a soltar absurdas confidencias sentimentaloides. Hacia el final de su carrera y ante unas acusaciones públicas vertidas por Eddie Cline, a Fields no le quedó más remedio que defenderse, también públicamente, diciendo que había trabajado con directores como Gregory La Cava, George Cukor, Eddie Sutherland o D.W. Griffith, y que en ningún caso el alcohol le había impedido terminar con su trabajo a tiempo, señalando que se podía decir si acaso lo contrarioi, que acababa siempre su trabajo antes de lo previsto, y que era absurdo que se le acusara de no recordar sus líneas ya que la mayor parte de su trabajo era improvisado. Lo cierto es que abstenerse de beber alcohol durante los rodajes tenía un efecto negativo, y el cómico ofrecía lo mejor con unos cuantos martinis para empezar.

Annex - Fields, W.C. (Poppy)_05

wcpoppy

Fields recibiendo visita de Herbert Marshall y Gloria Swanson durante el rodaje de Poppy

Pero a pesar de todo sus problemas de salud marcaron el rodaje de Poppy, su estado era tal que parte de su tiempo en pantalla fue realizado por su doble, dejando a Fields prácticamente los primeros planos y lo realmente imprescindible. Pero él prefería que en el estudio y el resto del equipo de filmación pensaran que estaba borracho en vez de enfermo, según él a nadie le interesaba un cómico con padecimientos, aunque cuando peor estaba de salud, según sus colegas, era también cuando su ingenio humorístico tenía sus mejores momentos. Así que el alcohol empezaba a cobrar su peaje en su organismo y tras Poppy debió permanecer ingresado y bajo cuidados durante una larga temporada, aquejado de enfermedades derivadas del abuso del alcohol. Cuando logró dejar atrás ese infierno y volver a la actividad no lo hizo en el cine, tampoco en el teatro o en las variedades, la radio fue su destino en una serie de programas junto a Edgar Bergen y Charlie McCarthy. Una vez más se reinventó, las ondas radiófonicas eran un medio ideal para W.C. Fields, donde podía hacer uso de su habilidad para improvisar, de su irreverencia, de sacar partido al doble sentido en cualquier ocasión, inventarse las más absurdas aventuras, de sacar de quicio a los anunciantes (Lucky Strikes entre otros) y de “pelear” con sus oponentes. Siempre prefería tener enfrente un buen contrincante que le diera buenas réplicas. De la colaboración en esos programas con Edgar Bergen y su marioneta, Charlie McCarthy hay una muestra en la película You Can’t Cheat An Honest Man. A día de hoy esos programas siguen teniendo su encanto, de hecho son sencillamente brillantes, con un W.C. Fields imparable, a pesar de que su discurso había perdido algo de velocidad. Dice mucho del éxito que tuvo en la radio y de la atracción constante que sentía el publico hacia Fields el hecho de que durante 1937, contando lo que hizo en cine y radio, fue el sexto norteamericano que más dinero ganó, sólo superado en Hollywood por Charlie Chaplin. A pesar de la larga temporada época en que tuvo que lidiar con alucinaciones, delirium tremens o polineuritis el talento de Fields seguía intacto y se adaptó a un medio nuevo para él, sin ningún problema, el cómico seguía, a pesar de todo, como siempre. Sabía que seguía siendo una auténtica estrella y lo demostraba llegando a los estudios con toda la pompa del mundo, llevando a todo su personal, formado por chófer, secretarias, criados, asistentes y demás empleados. Aunque tuviera un guionista que le ayudaba todo lo que salía de su boca en esos programas era de su cosecha, y es que no había quien pudiera escribir texto digno del talento natural de Fields mejor que el propio Fields.

image001asd

Otro de los mitos sobre el humorista incide en una atroz y odiosa personalidad, pero, aunque Fields era un tipo muy difícil de tratar, muchas de las barrabasadas que se cuentan son leyendas que él mismo fomentó, en beneficio de su estatus artístico. Pero ciertas cosas le llegaban a molestar profundamente, como lo relacionado al desprecio por niños y perros. Siempre se cuenta la historia de que manipuló el biberón de Baby LeRoy durante un rodaje, añadiendo una buena cantidad de ginebra al biberón del crío, algo que contó el propio Fields, pero fuera verdad o no, el propio Baby LeRoy, una vez adulto, llegó a declarar que aunque esa historia fuera verdad lo cierto es que por las fotos que conservaba su familia de esa época con Fields se podía ver que no era alguien tan odioso como muchos pensaban, incluso Fields llegó a ayudarle económicamente cuando lo necesitó en cierta ocasión. Aunque él mismo usara el tamaño y color de su propia nariz para sus películas y programas de radio le irritaba que en privado alguien se burlara de él por ese motivo. También se decía que odiaba a sus seguidores y que recibía a los intrusos que merodeaban por su casa en busca de un encuentro con una escopeta de balines, pero presumía de las cartas que recibía de sus fans y trataba de contestar a todas.

W.C.-Fields-on-CBS

 

wc-groucho

Dos genios del humor: W.C. Fields y Groucho Marx