It’s A Gift (1934)

its a gift 01     It’s A Gift, rodada en 1934, pasa por ser una de las películas más celebradas de W.C. Fields y una de las mejores comedias del Hollywood clásico. Un filme en el que nos encontramos con la quintaesencia del cómico, una casi perfecta recopilación de un artista genial que setenta años después no sólo no ha perdido vigencia, sino que supone una bocanada de aire fresco a quienes se acercan por primera vez a su obra. El Fields que se ve en It’s A Gift es fruto de años y años de carrera, de perfeccionar su estilo en incontables actuaciones ante público, pero también posible gracias a un talento natural para el humor, y es que Fields podía divertir leyendo simplemente la guía telefónica. Aunque aquí le veamos en una de sus dos más típicos personajes, como padre de familia algo calzonazos (para su otro clásico personaje tenemos títulos como The Old Fashioned Way, You Can’t Cheat An Honest Man o Poppy, donde sus personajes son buscavidas de espectáculos itinerantes y su personalidad es más cercana a la del propio humorista) mucho del repertorio de Fields está presente en esta película: la afición a la botella, una familia opresiva, el uso de nombres estrafalarios, niños y perros como adversarios, patosos ayudantes que estorban más que otra cosa o un entorno social que no para de juzgarlo y ponerlo a prueba. Pero también hay una clara muestra de ese algo más que tuvo Fields en sus películas, de ese trasfondo que impregna su obra y que es su lado más humano, tan o más importante aún para entenderlo como artista y que encaja perfectamente con una de sus frases más recordadas y que le definen tanto en su faceta artística como personal: “cuando hay voluntad la prosperidad no puede quedar lejos”. Ese optimismo, ese deseo de progresar sin dejar de ser fiel a sus ideales, se refleja sobradamente en It’s A Gift, aunque en primera instancia se pueda reparar antes en lo más obvio, y que es el talento natural de Fields para la comedia. Su personaje, Harold Bissonette, es alguien absolutamente obstinado con hacerse dueño de su destino a pesar de no contar con el apoyo moral de su familia, pero que gracias a ese deseo innato de prosperar, de querer salirse con la suya, consigue su objetivo.

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De los cómicos del Hollywood clásico W.C. Fields posiblemente sea el más cercano al espectador, para muestra el hecho de que en una película como esta el vestuario de su personaje es similar al de cualquier vecino y que tenga los mismos problemas que podría tener el ciudadano medio. Su actitud puede ser por momentos apocada, malhumorada o despótica, pero también tiene sus momentos de dignidad y cercanía. No realiza nada especialmente heroico ni meritorio, más allá de salirse con la suya y conseguir su paraíso personal, que es poder estar a su aire y dedicarse a lo que más le gusta, como muestra esa última y reveladora escena, de la que se dice fue rodada en la casa que el propio Fields poseía en Hollywood por aquellos tiempos.

Por un motivo puramente matemático se podría encontrar la causa de la preferencia por este filme entre los seguidores W.C. Fields: la presencia del humorista en el metraje es probablemente mayor que en ninguna de sus otras películas. Por regla general mucho Fields es igual a más diversión, pero es que en It’s A Gift le tenemos, además de omnipresente, en un estado pletórico y totalmente inspirado, no sólo en cuanto a situaciones y líneas de diálogos hilarantes, también con un intenso y muy estudiado lenguaje corporal, lo que le diferencia de tantos otros humoristas de la gran pantalla, y es que es raro ver a Fields participar en alguna escena o plano de forma pasiva, e incluso en sus momentos más estáticos tiene tendencia a ser realmente expresivo. No le gustaba el recurso fácil del slapstick para entretener, y es que si su humor sigue vigente es por todo lo que tiene de cerebral y de ácida crítica de la condición humana. Otro punto muy importante en Fields, y que ayuda a entender la diferencia de aceptación entre su etapa en el cine mudo y el sonoro, es su voz y su particular dicción. A Fields hay que oírlo, buena parte de su actuación se basa en esa meticulosa y recargada forma de hablar que todavía se sigue imitando a día de hoy. Su voz, además de muy expresiva, cuenta con un amplio rango que le permite adaptarla a cualquier situación. Siempre suena convincente, ya sea en los momentos en los que su personaje tiene un comportamiento más humilde o más agresivo.

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It’s A Gift, comedia mitad familiar, mitad road movie, es una estupenda película muy bien estructurada, pero también contiene escenas que tienen mucho peso por sí solas y que pueden disfrutarse individualmente, y es que de hecho se exhibían en ocasiones como obras aisladas. Para muestra la que posiblemente sea la escena más recordada, no sólo de la película, sino de la carrera de Fields en general, y es su tentativa de usar el porche de su casa para dejar de escuchar a su mujer y poder dormir un rato, intento que es continuamente saboteado entre vecinos cotorras, niños armados con destornilladores, vociferantes vendedores de seguros, lecheros, fruteros y cosas que no se quedan en su sitio, todos los elementos parecen conjurarse para hacer su vida miserable. Esta escena, que había perfeccionado años atrás en los escenarios, por fin pudo tener una buena versión cinematográfica después de que Fields no quedara satisfecho con el intento que se incluyó en The Old Army Game, muy limitada por la ausencia de sonidos. Otra gran e impagable escena, situada en la tienda de comestibles del Sr. Bissonette, muestra al particular tendero zarandeado por un histérico demandante de naranjas chinas a la par que entra en acción el auténtico villano de la película, un tipo tan ciego y sordo como implacable con los productos del Sr. Bissonette. No a mucha más gente se le hubiera ocurrido usar a un discapacitado (el actor era invidente) para, según Fields, dar vida a un auténtico hijo de perra. Pero es que como decía el propio humorista: no hay comedia sin tragedia. También tenemos a Baby LeRoy, en su última película con Fields. Había expectación por ver como continuaba la rivalidad cinematográfica de la inusual pareja después de la famosa escena de The Old Fashioned Way, en la que el cómico le pega una buena patada en el culo al niño, algo que hay que ver para creer. La incomodidad que le producía al humorista trabajar con niños, algo que no se molestaba en ocultar, se agravaba por el hecho de que estaba convencido de que le robaban las escenas, pero ¿qué hubiera sido de Fields y sus seguidores sin todos esos críos que le atormentaron película tras película? A pesar de todo, muchas historias que se cuentan sobre el cómico y los niños durante los rodajes o en su vida real eran inciertas o muy exageradas, y de hecho Baby LeRoy, ya de mayor, reconoció que el Fields le había ayudado económicamente.

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Además de W.C. Fields en It’s A Gift tenemos la estupenda labor de Kathleen Howard como la señora Bissonette, incansable e irritante azote de su marido, al que fustiga verbalmente en cuanto tiene oportunidad. Jean Rouveror, que interpretó a su hija, llegó a It’s A Gift después de haber tenido que renunciar a participar en El Sueño De Una Noche De Verano por motivos contractuales después de haber sido seleccionada para el reparto del filme de Max Reinhardt y William Dieterle. Pensaba que no era precisamente progresar en su carrera pasar de una obra de Shakespeare en la que iba a poder seguir las órdenes de todo un Dieterle a actuar junto a un “borracho del vodevil”, pero pasados los años se dio cuenta de que en su momento le faltó lucidez para saber que lo que había estado haciendo en It’s A Gift con Fields era comedia y de que tuvo la oportunidad de trabajar con uno de los humoristas más geniales del siglo XX. Rouveror aseguraba que era Fields quien coreografiaba la mayoría del metraje y eran sus indicaciones las que tenían mayor peso, más que las del propio director de la película, Norman Z. McLeod. Muchas de las escenas y situaciones de It’s A Gift fueron mejoradas o perfeccionadas gracias a uno de los muchos talentos de Fields, y es que como improvisador con la cámara en marcha no tenía precio, consiguiendo sacar adelante lo que los guionistas no terminaban de pulir del todo, o mejorando lo que sus colaboradores ya habían dado por bueno, para sorpresa del equipo técnico y del reparto, que no dudaban que lo que solía cambiar Fields en esas ocasiones era para mejor.

La idea principal de It’s A Gift procedía del propio Fields y de material ya incluido en películas de su etapa en el cine mudo, como It’s The Old Army Game o The Potters, y, como fue habitual en su carrera firmó el guion original bajo pseudónimo, en esta ocasión Charley Bogle (en realidad un traficante del que había oído hablar), con objeto de sacar más dinero a los productores, a los que exigía no sólo pagar por un trabajo a alguien que no existía, también reclamaba otros pagos por “perfeccionar” él mismo esos guiones. En ocasiones esos carísimos y geniales guiones eran un montón de papeles con ideas generales, llenos de anotaciones y tachones, pero a Fields no le importaba demasiado la indignación de los productores, y es que el cómico tenía su propia ley y en Hollywood los pocos que se atrevían a enfrentarse con él solían salir perdiendo. Sólo hay que decir que era uno de los pocos artistas de Hollywood a los que se les permitía beber durante los rodajes y fue de los primeros en cobrar comisión de la taquilla de las películas en que participó.

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2015, centenario del debut de W.C. Fields en el cine y en Broadway

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Este año se cumplen 100 del primer corto que realizó Fields, Pool Sharks, y también de su debut en los teatros de Broadway. A pesar de la calidad de buena parte de sus películas mudas Fields se hizo fuerte con el cine sonoro, de hecho es uno de los pocos humoristas del cine mudo que pudo hacer la transición al cine sonoro y seguir avanzando en su carrera. En Hollywood reinó, logrando éxitos que empezaron a fraguarse desde su época como malabarista y en el teatro, un medio éste que le permitió expresarse sin la censura constante que tuvo que soportar en el cine (censura que muchas veces sorteó, y es que su ingenio parecía ilimitado), aunque no fueron pocos los problemas que ocasionaron sus ocurrencias en los escenarios. Fields era una adelantado a su tiempo y lo suficientemente valiente como para hacer cosas en escena que poca gente más se atrevía. Quienes nos tenemos que conformar con disfrutarle en sus películas, programas de radio o en su libro Fields For President o sus biografías, podemos disfrutar de una parte importante del talento del cómico, no todo, pero suficiente como para entender por qué tantos años después su obra sigue vigente y artistas de hoy como Conan O’Brien, Jack White o David Chase no dudan en descubrirse ante el talento de Fields. Desde W.C. Fields Productions se está organizando un importante número de actividades para conmemorar los cien años desde que Broadway y el cine tuvieron la fortuna de encontrarse con uno de sus más destacados artistas. Espero que se editen al fin sus filmes mudos en condiciones, ya que de la mayoría de sus películas sonoras existen ediciones muy buenas, pero cualquier cosa que se edite de Fields será bienvenida y una oportunidad para que su obra llegue a más gente.

W.C. FIELDS PRODUCTIONS, INC.

www.wcfields.com

wcfieldsproductions@wcfields.com

2015 YEAR OF W.C. FIELDS – 100th Anniversary in Film and on Broadway

(Icon of American Culture and Humor, Librarian of Congress, 2000)

2015 Year of W.C. Fields – events scheduled to date (April 2015) –

We are planning many events to honor and celebrate, those scheduled to date, starting with TCM Classic Film Festival 2015 in Hollywood are:

2015 Year of W.C. Fields – 100th Anniversary in Film and on Broadway 

  • TCM features W.C. Fields at TCM Classic Film Festival 2015, Hollywood.  Friday evening, March 27, Allen and Ron Fields, grandsons, introduce The Bank Dick, the first W.C. Fields film added to the National Film Registry of the Library of Congress. (See www.wcfields.com for TCM photo.)  
  • TCM cable channel to feature an evening of W.C. Fields films.  Dr. Harriet Fields, granddaughter, co-hosting with Ben Mankiewicz, to be broadcast in September on TCM.  W.C. Fields first film The Pool Sharks opened September 19, 1915.    
  • Re-issue of the three vital and essential W.C. Fields books – brother Ronald J. Fields – the world’s Fields scholar and expert, best-seller W.C. Fields By Himself with new foreword by Conan O’Brien; Ron’s essential filmography W.C. Fields A Life on Film with new foreword by international film historian and critic David Robinson; and W.C. Fields own Fields for President with new foreword by Dick Cavett.
  • Arthur Wertheim books W.C. Fields From Burlesque and Vaudeville to Broadway: Becoming a Comedian Part I (released December 2014.  Part II release in 2015, W.C. Fields On Stage, Radio, and Screen: Becoming a Cultural Icon
  • Universal to release digitalized versions of six selected WCF films for 2015.                            
  • Classic movie houses throughout the country screening W.C. Fields films in 2015. 
  • New Amsterdam Theatre – W.C. Fields tribute scheduled for June 22, 2015, in commemoration of our grandfather’s opening there in the Ziegfeld Follies 100 Years and one day on June 21, 1915.
  • New Amsterdam Theatre Archival Collection to interview W.C. Fields family members – grandchildren Harriet, Ron, Allen for their oral history of our grandfather’s performances there, as well as his associations with other performers in that historic Theatre. 
  • The Ziegfeld Society variety tribute to W.C. Fields, June 27.       
  • Philadelphia Film Society is finalizing dates for various celebrations and film screenings throughout the year in Philadelphia. 

     Including the W.C. Fields traveling Exhibit to Philadelphia – coordinating with the Academy of Motion Picture Arts and Sciences (AMPAS), where we placed our inherited artifacts and memorabilia from our grandfather at the Academy’s Margaret Herrick Library.  Our W.C. Fields Collection chronicles the world’s modern entertainment heritage.  

  • AFI – June 6 through 11, W.C. Fields film screenings
  • Bryn Mawr Film Institute – August 6, 13, 20, W.C. Fields film screenings.
  • September 19, Magic Castle, Hollywood, site of the original Pool Table on loan by the W.C. Fields family. Screening of the Pool Sharks, W.C. Fields first film 100 years to the day of its opening with the pool table. Discussion of W.C. Fields pool routines in films by Ron and Allen Fields.  
  • December 21, Reading of the Canary Trial in the Midtown Community Court House on W. 54th St. in the actual Court Room of the trial, now an Off Off Broadway Theatre of the American Theatre of Actors.  W.C. Fields and Justice tribute in the lobby of the Court House, unveiled July 24, 2014.

We are planning a Press Conference and Press Release, tentatively for June at The Lambs, 3 W. 51st Street, New York City.

For more information contact:

W.C. Fields Productions, Inc.

wcfieldsproductions@wcfields.com

www.wcfields.com

To order films directly through Universal contact:

Paul Ginsberg at paul.ginsberg@nbcuni.com

Biografía (III)

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Durante el período en que residió en Los Feliz, Hollywood, tuvo como vecinos a otras estrellas como Cecil B. DeMille y Deana Durbin. Le molestaba no sólo que su casa estuviera situada en una calle nombrada en honor del mítico DeMille, también que su vivienda estuviera situada ligeramente a menor altura que la del director. A lo largo de los años alimentó la idea de que tarde o temprano alguien intentaría secuestrarle, por lo que a la menor ocasión y ante la presencia de intrusos cerca de su vivienda sacaba una escopeta de balines y los espantaba a tiros. El episodio más triste de su estancia en Los Feliz fue la muerte por ahogo en su piscina del hijo de Anthony Quinn y nieto de Cecil B DeMille, el crío se coló en la propiedad de Fields cuando no había nadie y cayó a la piscina. Aunque intentaron reanimarlo no sirvió de nada. El asunto, obviamente, perturbó enormemente a Fields, que cubrió la piscina con una lona y ya prácticamente no volvería a usarla.

En los períodos en los que pasaba más tiempo en casa trataba junto a su amigo Sam Hardy provocar a su secretaria, dictándole cartas plagadas de obscenidades y amenazas a personajes ilustres de Hollywood (cartas que en mayor parte nunca se enviaban) y haciendo que las leyera en voz alta, pero para sorpresa de Fields y Hardy ella nunca se inmutaba y soportaba la situación de forma muy profesional. Con el paso de los años y con menor actividad en el cine y la radio se decidió a escribir su único libro, Fields For President, una brillante sátira en la que una supuesta campaña para presentarse a presidente de Estados Unidos sirvió para dar rienda suelta a su visión de la vida y a su humor, un libro a la altura de sus trabajos en el cine y en el que a través del texto viene prácticamente incorporada la voz del humorista, no es difícil imaginar su voz inimitable a través de un texto que, como no podía ser de otra forma, es puro Fields. Aunque estuviera muy interesado en la política su mayor preocupación eran la forma en que los impuestos podrían afectarle a él, y siempre trataba de adivinar las intenciones de los candidatos a la presidencia para decidirse por votar a uno en particular. De ahí viene una de sus mejores frases: “Yo no voto a favor de nadie, voto en contra”. Una vez llegó a intentar deducir de su declaración el alcohol consumido durante un ejercicio fiscal, ya que según él era una parte importante de su trabajo.

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Después de terminar con Paramount fichó por Universal Pictures, estudio donde rodó sus últimas películas: You Can’t Cheat An Honest Man, My Little Chickadee, The Bank Dick y Never Give A Sucker An Even Break. Algunas auténticos clásicos donde Fields no dejó de crecer como cómico y seguía en sus trece de querer acapararlo todo, aunque fuera a través de guiones firmados bajo pseudónimo. Aunque Fields no constara como director de ninguna de esas películas lo cierto es que habitualmente solía hacer oídos sordos de la instrucciones recibidas y se dedicaba a indicar donde debían estar colocadas las cámaras y otras funciones que en teoría debían ser del director. A veces gente de Universal le sugería hacer una escena a la manera que quería el estudio antes de filmar, por probar, le decían, pero Fields desconfiaba enormemente y a pesar de acceder, a veces, se aseguraba de que las cámaras estuvieran sin rollo para filmar. No quería de ninguna forma que aparecieran en sus películas nada que se saliera de lo que él entendía que debía ser su trabajo, ya que para él lo de ponerse delante de una cámara y limitarse a decir una líneas que había memorizado era lo más aburrido del mundo.

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Aunque sus películas daban dinero a Universal rara vez se estrenaban en grandes cines, la explicación del estudio era que lo que quería el público eran filmes con protagonistas atractivos e historias inspiradoras, algo que a Fields le indignaba, le parecía un argumento ridículo, según él sus películas cumplían de sobra con esas premisas. La amistad que tuvo con una jovencísima Gloria Jean a raíz de Never Give A Sucker An Even Break sirvió para desmentir más de un mito relacionado con el cómico. Aún hoy día Gloria Jean habla maravillas de Fields, del que dice que aunque fuera una persona difícil de tratar de ninguna manera se trataba de un hombre odioso, como se pudiera deducir por muchas de las historias que perseguían al cómico, tantas veces inventadas y exageradas por él mismo para beneficio de su obra y su leyenda. Para la actriz Fields en realidad era alguien extremadamente sensible y solitario, que hacía todo lo posible por sus personas queridas. A pesar de que durante el rodaje del filme se sometiera a Fields a una estrechísima vigilancia, para evitar que diera mala imagen a la actriz con su alcoholismo, el cómico y la actriz siguieron mantuvieron amistad más allá de la película. En uno de los documentales sobre Fields, Behind The Laughter, se puede ver a Gloria Jean hablando muy emotivamente del humorista, el hecho de que Fields la tratara como a una hija es uno de sus mejores recuerdos.

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Después de terminar en Universal ya no volvió a hacer otra película más de su cosecha y a pesar de sus intenciones de continuar con su actividad cinematográfica tuvo que conformarse con aparecer de invitado en filmes como Tales Of Manhattan (su intervención es de largo lo mejor de todas las diferentes partes de la película), Follow The Boys, Song Of The Open Road o Sensations Of 1945, en el que una vez más recreó su número de billar. Para 1945 le venció el contrato de alquiler de su casa en Cecil B. De Mile Drive. Ya no quiso renovar el contrato, en vista de que su salud se resquebrajaba, decidió trasladarse a una clínica donde pasó la última etapa de su vida, a pesar de que no pasara todo el tiempo allí. A pesar de su estado nada podía con su carácter y su ácido sentido del humor. Durante una visita a uno de sus amigos le sorprendió ver a W.C. Fields leyendo la biblia, lo que el cómico justificó con que andaba buscando lagunas en el libro. Irónicamente, tratándose de un hombre tan poco navideño, le llegó el día final el día de Navidad de 1946. En estado crítico y acompañado de Carlotta Monti, despertó brevemente, se llevó un dedo a los labios y cerró los ojos. Moriría en las próximas horas a causa de una severa hemorragia estomacal. Aunque no quiso que se oficiara ningún funeral por él llegó a tener tres, uno público, otro católico y una ceremonia espiritual encargada por Carlotta Monti. En el primero ofició Edgar Bergen, que adujo que como no decir una oración por alguien que con su talento había llevado tanta felicidad al mundo, alguien para quien la alegría era una disposición, no una posición. Sus deseos fueron que una gran parte de su herencia fuera a parar a un orfanato y como homenaje final se publico en el Hollywood Reporter de parte de sus más queridos amigos, entre ellos Gene Fowler, Gregory La Cava, Eddie Sutherland o Ben Hecht, un texto que finalizaba de esta forma: “Al más auténtico humorista desde Mark Twain: W.C. Fields”.

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Biografía (II)

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Diez años antes de Sally Of The Sawdust había debutado W.C. Fields en el cine con el corto The Pool Sharks, pero la experiencia no le llegó a satisfacer. No pudo recrear como quería el número del billar que llevaba haciendo en los escenarios desde tanto tiempo atrás. Así que el comienzo de su andadura en el cine en 1925 con la adaptación de su éxito teatral Poppy, Sally Of The Sawdust en 1925, supuso además el comienzo de su relación con el productor William Le Baron, que se convirtió en una pieza muy importante en la carrera cinematográfica del cómico y en un apoyo fundamental para un hombre que no solía fomentar precisamente buenas relaciones profesionales y que casi todo lo basaba en su talento. Otra de las asociaciones para la época en el cine mudo de Fields fue su trabajo con el director Gregory La Cava, que dirigió a Fields en So’s Your Old Man y Running Wild. Se admiraban y apreciaban mutuamente, por mucho que los rodajes estuvieran plagados de tiras y aflojas entre los dos personajes. Lo cierto es que mantuvieron la amistad a lo largo de los años, a Fields le gustaba jugar al golf con su amigo, del que aprovechaba especialmente los días posteriores a la finalización de algún rodaje para citarlo a jugar y sacar ventaja del cansancio del director, que llegado a cierto punto tuvo que contar con los servicios de dos caddies, uno para que le ayudara y otro para que vigilara que Fields no hiciera trampas.

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Pero la irrupción en el cine de Fields no era como había imaginado, y aunque hizo buenas películas, como las ya mencionadas y otras como The Old Army Game, su estatus en ese medio no le agradaba. Por muchas buenas críticas que tuviera el aspiraba al estatus que creía merecer, y ese era llegar a ser tan famoso como Rodolfo Valentino y otras estrellas del cine de esos años. Por eso decidió volver a los escenarios a finales de la década de los 20 para el espectáculo Vanities de Earl Carrol, donde perfeccionó sus números humorísticos antiguos y donde comenzó a hacer algo que marcaría su carrera en el cine sonoro, como fue su tendencia a improvisar, lo que llevaría de cabeza a directores y compañeros de reparto. Prácticamente era incapaz de hacer dos tomas de la misma manera, excepto las partes que más molestaban e irritaban a productores, directores y censores.

En vista de que los espectáculos teatrales iban a peor por la economía del país decidió volver a Hollywood para intentarlo, esta vez en el cine sonoro, que a principio de los 30 se convirtió en un fenómeno, llevándose irremediablemente por delante al cine mudo. Esta vez, con 50 años ya cumplidos, hizo su entrada en Hollywood por todo lo alto, hospedándose inicialmente en uno de los mejores hoteles y dándose toda la importancia del mundo, como debe ser. Al principio no lo tuvo fácil para encontrar su sitio en la maquinaria de Hollywood, algo que le desesperaba, pero él estaba acostumbrado a luchar hasta la extenuación por lograr sus objetivos. Por muy valorado que fuera su trabajo en el vodevil o en sus películas mudas el cómico era tan único que era muy difícil de ubicar, además, ejecutivos de los estudios se sentían intimidados por su presencia. Comenzó su produciva asociación con Mack Sennett, de la que salieron cortos legendarios como The Pharmacist, The Dentist y otros. Afortunadamente dejó de usar el ridículo bigote que había llevado en su etapa en el cine mudo y en su primer corto sonoro, The Golf Specialist, de esa manera se pudo empezar a disfrutar de su presencia sin que tuviera que recurrir a artificios innecesarios. Su lenguaje corporal, su voz, el tono que empleaba y todo lo que decía era suficiente para convertirse en uno de los tipos más divertidos que nunca hayan aparecido en una pantalla.

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Mack Sennett, en vista de la progresión de Fields, decidió dejarle marchar de su estudio, el cómico tan sólo había despegado y Sennett no quería convertirse en un obstáculo para la carrera de Fields. Firmó con Paramount, empezando con If I Had A Million, película que dividida en varios episodios sobre el mismo tema. En su parte Fields tuvo libertad para dar su toque personal y seguir creciendo en el medio, aunque nada que ver con International House, un vehículo perfecto para el cómico, con una irrupción apoteósica en pantalla y una sucesión de momentos de puro Fields, que tenía como compañeros de reparto a George Burns, Gracie Allen o Bela Lugosi. International House convirtió al humorista en toda una figura del cine americano, imitado hasta la saciedad pero también un personaje que era un quebradero de cabeza para directores, productores y la censura.

Que la improvisación era una parte muy importante de su trabajo ante las cámaras lo deja claro un comentario de George Chandler, actor de uno de los cortos de W.C. Fields con Mack Sennett, The Fatal Glass Of Beer. Contaba Chandler que cuando rodaron su primera escena en ese film Fields cambió repentinamente de idea en el último momento y decidió improvisar algo muy diferente a lo previsto, lo que arruinó las líneas del joven actor, y también su estado de animo. Chandler quedó tan afectado que no pudo ver el corto durante muchos años, pero cuando lo superó y lo visionó no le quedó más remedio que reconocer que Fields mejoró la escena y que lo que improvisó fue realmente mucho más divertido que lo previsto.

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Entre 1934 y 1936 sería la época en la que Fields hizo parte sus películas más famosas, como It’s A Gift, You’re Telling Me, The Old Fashioned Way o The Man On The Flying Trapeze, todos filmes brillantes y personales, únicos, donde Fields tuvo prácticamente todo el control. Solía firmar los guiones bajo pseudónimos estrafalarios, no sólo para conseguir más dinero aún por parte del estudio, a los que además de engañarlos de esa forma solía pedir más dinero incluso para, según él, “arreglar el guión”. También de esa forma se aseguraba no tener que hacer la película de otro. En estas películas nos encontramos con los dos típicos personajes que Fields llevó a la pantalla en todas sus películas, por una parte el extravagante, sufrido y sumiso padre de familia, al que nadie soporta, excepto en ocasiones una hija, aunque siempre encuentra momento para divertirse a su manera. Y por otra parte tenemos al buscavidas, casi siempre trabajando en algo relacionado con el circo o similares, como en The Old Fashioned Way, en el que tiene una actitud altiva y un comportamiento despótico con casi todo el que le rodea.

Mucho se ha hablado sobre el alcoholismo del humorista, pero de hecho no comenzó a beber asiduamente hasta que tuvo unos 35 años. Tenía una extraordinaria resistencia al alcohol, rara vez le afectaba notoriamente, y tampoco perdía la compostura, decían que era “un borracho educado”, y de hecho no podía soportar a los típicos beodos a los que se les traba la lengua o se dedican a soltar absurdas confidencias sentimentaloides. Hacia el final de su carrera y ante unas acusaciones públicas vertidas por Eddie Cline, a Fields no le quedó más remedio que defenderse, también públicamente, diciendo que había trabajado con directores como Gregory La Cava, George Cukor, Eddie Sutherland o D.W. Griffith, y que en ningún caso el alcohol le había impedido terminar con su trabajo a tiempo, señalando que se podía decir si acaso lo contrarioi, que acababa siempre su trabajo antes de lo previsto, y que era absurdo que se le acusara de no recordar sus líneas ya que la mayor parte de su trabajo era improvisado. Lo cierto es que abstenerse de beber alcohol durante los rodajes tenía un efecto negativo, y el cómico ofrecía lo mejor con unos cuantos martinis para empezar.

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Fields recibiendo visita de Herbert Marshall y Gloria Swanson durante el rodaje de Poppy

Pero a pesar de todo sus problemas de salud marcaron el rodaje de Poppy, su estado era tal que parte de su tiempo en pantalla fue realizado por su doble, dejando a Fields prácticamente los primeros planos y lo realmente imprescindible. Pero él prefería que en el estudio y el resto del equipo de filmación pensaran que estaba borracho en vez de enfermo, según él a nadie le interesaba un cómico con padecimientos, aunque cuando peor estaba de salud, según sus colegas, era también cuando su ingenio humorístico tenía sus mejores momentos. Así que el alcohol empezaba a cobrar su peaje en su organismo y tras Poppy debió permanecer ingresado y bajo cuidados durante una larga temporada, aquejado de enfermedades derivadas del abuso del alcohol. Cuando logró dejar atrás ese infierno y volver a la actividad no lo hizo en el cine, tampoco en el teatro o en las variedades, la radio fue su destino en una serie de programas junto a Edgar Bergen y Charlie McCarthy. Una vez más se reinventó, las ondas radiófonicas eran un medio ideal para W.C. Fields, donde podía hacer uso de su habilidad para improvisar, de su irreverencia, de sacar partido al doble sentido en cualquier ocasión, inventarse las más absurdas aventuras, de sacar de quicio a los anunciantes (Lucky Strikes entre otros) y de “pelear” con sus oponentes. Siempre prefería tener enfrente un buen contrincante que le diera buenas réplicas. De la colaboración en esos programas con Edgar Bergen y su marioneta, Charlie McCarthy hay una muestra en la película You Can’t Cheat An Honest Man. A día de hoy esos programas siguen teniendo su encanto, de hecho son sencillamente brillantes, con un W.C. Fields imparable, a pesar de que su discurso había perdido algo de velocidad. Dice mucho del éxito que tuvo en la radio y de la atracción constante que sentía el publico hacia Fields el hecho de que durante 1937, contando lo que hizo en cine y radio, fue el sexto norteamericano que más dinero ganó, sólo superado en Hollywood por Charlie Chaplin. A pesar de la larga temporada época en que tuvo que lidiar con alucinaciones, delirium tremens o polineuritis el talento de Fields seguía intacto y se adaptó a un medio nuevo para él, sin ningún problema, el cómico seguía, a pesar de todo, como siempre. Sabía que seguía siendo una auténtica estrella y lo demostraba llegando a los estudios con toda la pompa del mundo, llevando a todo su personal, formado por chófer, secretarias, criados, asistentes y demás empleados. Aunque tuviera un guionista que le ayudaba todo lo que salía de su boca en esos programas era de su cosecha, y es que no había quien pudiera escribir texto digno del talento natural de Fields mejor que el propio Fields.

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Otro de los mitos sobre el humorista incide en una atroz y odiosa personalidad, pero, aunque Fields era un tipo muy difícil de tratar, muchas de las barrabasadas que se cuentan son leyendas que él mismo fomentó, en beneficio de su estatus artístico. Pero ciertas cosas le llegaban a molestar profundamente, como lo relacionado al desprecio por niños y perros. Siempre se cuenta la historia de que manipuló el biberón de Baby LeRoy durante un rodaje, añadiendo una buena cantidad de ginebra al biberón del crío, algo que contó el propio Fields, pero fuera verdad o no, el propio Baby LeRoy, una vez adulto, llegó a declarar que aunque esa historia fuera verdad lo cierto es que por las fotos que conservaba su familia de esa época con Fields se podía ver que no era alguien tan odioso como muchos pensaban, incluso Fields llegó a ayudarle económicamente cuando lo necesitó en cierta ocasión. Aunque él mismo usara el tamaño y color de su propia nariz para sus películas y programas de radio le irritaba que en privado alguien se burlara de él por ese motivo. También se decía que odiaba a sus seguidores y que recibía a los intrusos que merodeaban por su casa en busca de un encuentro con una escopeta de balines, pero presumía de las cartas que recibía de sus fans y trataba de contestar a todas.

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Dos genios del humor: W.C. Fields y Groucho Marx

 

Biografía (I)

Nacido en Filadelfia en 1880 (más o menos, principalmente porque nuestro protagonista solía dar informaciones contradictorias), poco tardó William Claude Dunkenfield en escaparse de casa, mantenía una mala relación con su padre y antes de ser incluso un adolescente decidió marcharse y buscarse la vida. Contaba Fields que detestaba la música principalmente por la cantidad de veces que su padre decidía cantar canciones religiosas con alguna copa de más encima y luego tomarla a golpes con él. Durmiendo en la calle, sobre mesas de billar, en casas abandonadas y viviendo de robos de poca monta, que le convirtieron en una pesadilla para la policía y comerciantes de su Filadelfia natal, Fields se acostumbró a la vida dura, y después de varios trabajos como mensajero o repartiendo hielo decidió presentarse a unas pruebas para trabajar en un circo como malabarista. Ya antes de abandonar su hogar y mientras trabajaba en la tienda de su padre, comenzó a interesarse por los malabares, para lo que empezó a hacer sus pinitos con las frutas de la tienda, que le sirvieron para ir aprendiendo el oficio, lo que le llevó a más enemistad con su padre, ya que durante esos primeros pasos muchas piezas lógicamente terminaran inservibles. Además de sus notables números de malabarismo, que nunca dejaba de mejorar, también tenía que sustituir, cuando la situación lo requería, a compañeros, teniendo que hacer labores de actor, bailarín y todo cuanto se precisara. Lo que peor llevaba, con diferencia, era el tener que participar en un número que le obligaba a meterse durante un número de magia en un tanque de agua hasta 12 veces al día, lo que confesaría que fue lo que le llevo a tener tanta aversión hacia el agua, ya que casi morir ahogado tantas veces marcaría a cualquiera. Con su destreza como malabarista avanzando a pasos agigantados y añadiendo cada vez más toques de humor a sus números, terminó convirtiéndose en la figura principal, o una de ellas, de las compañías que le empleaban, y en pocos años de duro trabajo consiguió pasar de ser un vagabundo a poder hacer una carrera en el mundo del espectáculo. W.C. Fields está considerado como uno de los mejores, si no el mejor, malabarista de su época, y existe documentación que habla de su control, originalidad y destreza. Decidió hacerse llamar W.C. Fields no sólo para acortar el nombre, también detestaba llamarse Claude, precisamente la forma en que le llamaban sus amigos posteriormente, más que nada por pincharle, como reconocía Errol Flynn.

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Sus números de malabarismo los hacía vestido como un vagabundo, y se hacía llamar W.C. Fields The Eccentric Juggler o The Tramp Juggler. Pronto se embarcó por giras que le llevaron por Europa, Australia o África. En una de sus funciones en Londres su show fue visto por el Rey Eduardo VII, que quedó anonadado con sus habilidades y le invitó al Palacio de Buckingham en varias ocasiones. La primera vez Fields quiso comprar un traje acorde con la ocasión, aunque el rey le dijo que lo que quería es que hiciera su número habitual y para ello nada mejor que saliera con su atuendo de malabarista vagabundo. Que los perros nunca tuvieron mucho aprecio por Fields fue algo que se pudo confirmar en Buckingham Palace, ya que los animales de uno de los lujosos invitados del rey no dejaban de arruinarle los trucos a Fields, saltando sobre él continuamente. Sus años de vagabundo le pasaban factura en ese sentido, ya se sabe, para un perro quien ha sido vagabundo una vez lo es para siempre.

Con poco más de 20 años contrajo matrimonio con una bailarina de su compañía de variedades, Harriet Hugues. De la unión nacería William Claude Jr., aunque poco tiempo después la pareja se separaría debido a que su esposa no quería seguir con esa vida en la carretera. Nunca llegaron a divorciarse, ya que para Fields eso hubiera significado darle más importancia a la religión de la que merecía. Pero siempre apoyó económicamente a su mujer e hijo, y también a sus padres.

Fields también llegó a actuar en España, y de hecho dijo que si alguna vez se hubiera visto obligado a cambiar de nacionalidad hubiera elegido ser español. Le encantaba el país, sobre todo el hecho de que por aquí todo el mundo estaba chiflado por los prestidigitadores, según sus propias palabras. En cierta ocasión y ante unos problemas con la economía del país el promotor de su espectáculo en Madrid se vio obligado a pagarle con monedas, pero Fields no tuvo problemas en ir a buscar los cubos que le hicieran falta para recibir su paga. Tener cargar con una parte importante de monedas no le resultaba ningún problema, todo lo contrario que dejar de cobrar por su trabajo.

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Sus habilidades y su caché como malabarista fueron aumentando con el paso de los años, y con pocos más de 20 años ya se encontraba dentro de una carrera en la que la tónica era ir cada vez a más. Era tal su destreza que a los espectadores de sus exhibiciones nunca les quedaba claro si los movimientos en falso que podía cometer eran parte del espectáculo o no, el caso es que siempre arreglaba cualquier situación en la que parecía que iba a cometer algún error, y además arrancando carcajadas.

Acostumbraba Fields a llevar a todas partes un baúl lleno de libros, especialmente libros de escritores como Shakespeare, Charles Dickens o Mark Twain, obras que Fields no sólo leía, las estudiaba. Con el paso de los años empezó a aumentar la cantidad de baúles que llevaba consigo en la carretera, pero alguno de ellos eran destinados a sus bebidas preferidas, aunque durante su etapa de malabarista rara vez bebía, ya que el alcohol no permite unas habilidades como las de Fields con todo tipo de objetos. Sus actuaciones empezaron a derivar hacia la comedia, con números en los que demostraba sus habilidades para mezclar el humor con el billar o el golf, algo que fue una constante en su carrera cinematográfica, llena de momentos memorables en la que deleita a sus seguidores con su destreza y con sus gracias.

Los años de penurias marcaron totalmente el carácter de Fields, y aunque no tuviera reparos en gastarse el dinero que ganaba en lo que quería lo cierto es que rara vez se le podía ver desprendiéndose de dinero, ni de una cantidad insignificante, de forma desinteresada. Nada más sacarse una póliza de seguros de accidentes en su época en The Ziegfeld Follies simuló una lesión en la espalda por la cual el seguro debía de indemnizarle con una buena cantidad, pero llegó a abusar de su suerte y el médico del seguro, después de haberle sometido a costosas pruebas, descubrió el engaño.

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La relación de Fields con sus representantes estuvo guiada por la desconfianza. Sus años en la calle le habían dotado de un intenso recelo hacia todo el mundo, especialmente hacia representantes, banqueros, promotores y demás. La leyenda del número de cuentas bancarias que tuvo está ahí. Nunca se podrá saber a ciencia cierta, pero se dice que tenía cientos de cuentas pequeñas en bancos por todas partes, abiertas con nombres falsos, aunque también se dice que en realidad no tenía más de veinte, y por razones de comodidad, ya que al viajar tanto nunca era mal asunto tener cerca un banco donde ingresar o retirar fondos. Una de las más célebres historias que contaba el propio Fields era que durante la segunda guerra mundial reconoció tener dinero incluso en un banco de Berlín, según sus palabras “por si acaso ese hijo de puta Hitler acabara ganando esta guerra”.

Durante sus años con The Ziegfeld Follies tuvo a Shorty, un enano, trabajando para él como ayudante, aunque también participaba en los números del cómico. Prácticamente cada semana Fields lo despedía debido a la inoperancia del enano en sus tareas, pero siempre terminaba por admitirlo de nuevo. Se puede decir que el trato que dispensaba Fields a su criado no estaba lleno de amabilidad, pero lo cierto es que su empleado pudo tener a su lado un trabajo más digno y mejor pagado de lo que nunca hubiera imaginado. Pero a Fields lo sacaba de quicio, como en cierta ocasión que le pidió para cenar un muslo (leg) de pavo y el enano, después de tardar una eternidad en aparecer, le dijo que no podía encontrar huevos (egg) de pavo por ninguna parte. En cierta ocasión, días después de haberlo despedido, Fields se encontró con Shorty de nuevo por la zona donde trabajaba en esa época, le dijo que tenía que darse cuenta de que no le iba a emplear de nuevo, pero el enano le respondió que un traje que le encargó iba a tardar dos semanas en estar preparado y que debía ir a recogerlo, Fields no tuvo más remedio que volver a admitirlo de nuevo. Por muchas veces que Fields sancionara verbalmente a Shorty rara vez cumplía sus amenazas y nunca dejó de pagarle. Pasaron los años y siguieron juntos, y de hecho Shorty falleció cuando aún trabajaba para Fields, que cumplió los deseos del enano e hizo que lo enterraran con un esmoquin que pagó el propio humorista.

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A pesar de todo el tiempo que estuvo actuando en The Ziegfeld Follies, con gran éxito, W.C. Fields y Florenz Ziegfeld, Jr. nunca tuvieron una gran relación. Ziegfeld no les tenía mucho cariño a los humoristas, para él no eran algo más que poner entre los números musicales de sus bailarinas, pero a pesar de todo W.C. Fields reinó en las Follies, siendo destacado entre los demás números con asiduidad. Fields se iba haciendo más famoso cada vez, y fiel a su costumbre reclamaba un aumento de sueldo cada poco tiempo, presionando de todas las posibles formas para lograrlo. Después de ese largo período con The Ziegfeld Follies estuvo una temporada con la compañía George White’s Scandals, en la que el éxito de Fields seguía su imparable cauce. Pero no tenía bastante y deseaba poder tener un papel principal en alguna obra de Broadway en la que tuviera ocasión de hacer algo más aparte de sus números de malabares y humor. De esa forma le llegó el musical Poppy como caído del cielo. El profesor Eustance McGargle era un personaje que le iba de perlas, cualquiera diría que hasta podría haber estar basado en el propio Fields. McGargle era un encantador canalla que se ganaba la vida vendiendo pociones revitalizantes y estafando con todo tipo de juegos a cualquiera de los incautos que se le cruzaran en el camino, pero que también mostraba tener un gran corazón y acogió como a su propia hija a la hija de unos amigos después de que estos fallecieran. A pesar de que en un primer momento Fields no tenía intención de incluir malabarismo en la obra, para demostrar que podía hacer más cosas, lo cierto es que la obra estaba salpicada de sus típicos números con pelotas y cajas, y terminó por convertirse una parte muy importante de la obra, aunque tampoco llegaba a eclipsar la actuación de Fields, que pudo demostrar que las variedades no eran su techo. Afortunadamente hay dos buenas muestras de lo que la obra fue en dos adaptaciones cinematográficas, Sally Of The Sawdust, versión muda de 1925 de la mano de D.W. Griffith, y Poppy en 1936, ambos vehículos para deleitarse con un cómico en estado de gracia.

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